Descubrí que tengo una familia en un rancho de San Miguel de Allende. Una tía y un tío dispuestos a abrirme las puertas de su hogar, a enseñarme cada rincón de su tierra y contarme sus historias. Esa es la experiencia de Rancho Xotolar, un hermoso rincón a 40 minutos de San Miguel de Allende donde la familia Morín Ruíz comparte con sus visitantes la vida rural que han construido. Estuve ahí varias horas y casi no saqué el celular. Solo lo usé para fotografiar paisajes, flores, plantas, animales y las frutas que encontraba por el camino. El resto del tiempo lo pasé caminando, respirando aire fresco, acariciando perros, caballos y vacas y escuchando las historias de quienes conocen este lugar desde siempre. No había autos, edificios ni ruido de ciudad; solo naturaleza, buena comida y el recordatorio de que la felicidad está en las cosas más sencillas. Quizá no sea la experiencia más conocida de San Miguel de Allende, pero sí una que quisiera recomendarle a todo el mundo: ir a Rancho Xotolar y ser vaquero por un día.


Rancho Xotolar: la experiencia de turismo rural en San Miguel de Allende
Rancho Xotolar es un rancho familiar de casi 400 hectáreas que ha pertenecido a la familia Morín Ruiz por más de cuatro generaciones. Está ubicado en el altiplano, a 18 kilómetros del centro de San Miguel de Allende, en un entorno intacto por la modernización. Sus tierras colindan con el sitio arqueológico Cañada de la Virgen y está rodeado de naturaleza y hermosos paisajes. Aunque durante años la familia se dedicó al campo, las condiciones climáticas hicieron cada vez más difícil continuar con esta actividad, así que en lugar de vender sus tierras decidieron abrirlas a visitantes para compartir una experiencia de turismo de aventura, gastronomía y vida ranchera mexicana. No es una empresa turística, es un proyecto familiar que cuida cada detalle y recibe a sus visitantes como miembros de su familia, para que se involucren en la dinámica del rancho y conozcan de cerca su forma de vida.


Desayuno de rancho y cabalgatas entre arroyos y miradores
Cuando llegas te reciben Don Tomás, Doña María Luisa y Don Félix, tres hermanos con más de 50 años trabajando estas tierras y una enorme experiencia como ganaderos y jinetes. Ellos diseñaron distintas experiencias para que elijas cómo quieres conocer el rancho, pero casi todas comienzan temprano con un desayuno que no olvidarás en varios días: huevos de sus propias gallinas, frijoles refritos, nopales, papas con cebolla, quesadillas con queso de rancho hecho ahí mismo, chilaquiles, tortillas a mano, agua de jamaica y cafecito de olla. Después viene la aventura, donde su actividad estrella son las cabalgatas guiadas por senderos que atraviesan cañadas, antiguos túneles ferroviarios, arroyos, miradores naturales y hasta las pirámides prehispánicas. Hay recorridos de tres horas, rutas al atardecer de seis horas y experiencias de día completo. Por supuesto, antes de salir te enseñan todo lo necesario para montar con seguridad.


De ordeño una vaca a preparar tu propia comida de rancho
También puedes elegir rutas de senderismo para conocer las pirámides y explorar la flora, fauna e historia de la región. Durante el camino aprendes, por ejemplo, a distinguir un nopal de un xoconostle, puedes probar las tunas ácidas que crecen en las pencas y conocer los garambullos que nacen en los cactus. Y si quieres llevarte un poco más de la vida de rancho contigo, hay talleres para aprender a elaborar queso fresco, desde el ordeño de las vacas hasta el prensado en tablas, además de clases de cocina rural en las que, dependiendo de la temporada, puedes preparar sopes, enchiladas, pico de gallo con xoconostle, chiles rellenos, pipián, quesadillas de huitlacoche o una salsa de molcajete con chile puya.



Fogatas, comida casera y noches bajo las estrellas
Cualquiera que sea la experiencia que elijas, la comida termina siendo el broche de oro. Si quieres quedarte más tiempo, también hay paquetes de día completo con fogata y acampada bajo las estrellas. Puedes ir en pareja, con toda la familia o con amigos; el rancho recibe grupos de distintos tamaños y adapta las experiencias a tus necesidades, incluso con opción de transporte desde San Miguel de Allende. Yo, sinceramente, me quedaría a hacerlas todas. Porque Rancho Xotolar es de esos lugares que disfrutas muchísimo mientras estás ahí, pero que empiezas a extrañar desde el momento en que toca despedirse.
Página: xotolarranch.com



