Hay una manera en la que puedes sentir que sales de vacaciones un fin de semana cualquiera, sin límites. No hace falta buscar tours especializados y mucho menos hoteles, pues con caminar unas horas entre calles empedradas disfrutando de un buen tamal con atole al haber recién llegado al destino, basta para sentir que cambiaste la rutina y que tuviste unas micro vacaciones muy cerca de la CDMX. Como sabemos que no es necesario invertir grandes cantidades de dinero en vuelos y resorts para disfrutar de unos días fuera, aquí te compartimos los pueblitos encantadores a pocos kilómetros que te permiten llegar temprano, cuando aún es la mañana, desayunar rico, dar la vuelta, conocer y regresar esa misma tarde de vuelta.

Malinalco– Tamales callejeros y pan horneado en leña
Una joya escondida en pleno Estado de México que destaca por sus bellas casas de fin de semana, propiedad de aquellos viajeros inteligentes que apostaron por un pueblo menos popular que Valle de Bravo pero con el mismo encanto –y mucho menos concurrido–. La buena noticia es que aún sin tener casa ahí puedes ir por la mañana, pues está a un recorrido por carretera de menos de dos horas. Esto te permitirá llegar a disfrutar de uno de sus ricos tamales callejeros que podrás encontrar en las esquinas del centro histórico si llegas a tiempo. Te recomendamos que lo acompañes con un buen champurrado y que después vayas a comprar su pan artesanal horneado en leña o alguno de sus muebles artesanales.

Tepotzotlán– Esquites, gorditas y tamales para el desayuno
La primera vez que visites este Pueblo Mágico a poco más de una hora de la CDMX te será difícil creer que a la altura de lo que parecería ser una zona industrial del Estado de México se esconde un lugar tan pintoresco y colorido, en donde las tradiciones son solo el inicio, pues se conservan los sabores de la gastronomía más típica de la capital en platillos como esquites, gorditas, sopes, tacos de guisado y todo tipo de antojitos. Para el desayuno, unos buenos tamales de rajas, rojos, verdes y hasta de mole, los cuales te permitirán comenzar con el pie derecho tu recorrido a puntos de interés como Los Arcos del Sitio, que te permiten explorar la historia del lugar y al mismo tiempo disfrutar del aire libre.

Xochitepec– Quesadillas al comal, tamales y el quiosco de la buena suerte
La gente suele concentrarse en Cuernavaca o en Tepoztlán cuando viajan hacia Morelos, pero a pocos kilómetros de ahí descansa un Pueblo Mágico mucho más tranquilo y menos conocido. En donde las grandes masificaciones no llegan pero el buen clima y los lugares con encanto abundan en cada esquina. Al llegar a Xochitepec encontrarás vendedores ambulantes que te ofrecerán lo más típico de la gastronomía mexicana morelense en sus puestecitos. Desde quesadillas al comal hasta tamales caseros recién salidos de la olla. Después de probarlos, visita su quiosco, pues dice la leyenda que quienes se paran en él están protegidos de las enfermedades, así que vale la pena hacerlo, por si acaso.

Metepec– Guajolotas y talleres artesanos en Toluca
Una de las sorpresas de quienes subestiman el municipio de Toluca es encontrarse con que existe un Pueblo Mágico a escasos minutos que no solo cuenta con locales y negocios llenos de tradición, sino que ofrece maravillas de la gastronomía como el que es considerado el mejor chorizo de México por muchos. Además, si sales temprano de la CDMX y llegas antes de medio día, seguro te encontrarás con muchas familias y trabajadores disfrutando de sus tamales y guajolotas para el desayuno. Antes de irte no dudes echarle un vistazo a los talleres que fabrican ‘El Árbol de la Vida’ una de las artesanías mexicanas protegidas que solo encontrarás en ese lugar.

Mineral del Chico– Un restaurante con cascada y un pueblo gastronómico
Cuando de comer bien se trata, Hidalgo es uno de los grandes líderes del país. Con grandes representantes como la barbacoa de hoyo o los pastes rellenos de diferentes guisados, en este lugar se acostumbra también a desayunar tamales de elote, de carne de cerdo y de verduras y especias. Todos acompañados de un buen café de olla o un atole. Si estás por la zona te recomendamos que termines tu visita con una comida en el Restaurante La Montaña, el cual tiene su propia cascada y sirve especialidades mexicanas de la gastronomía hidalguense en un entorno natural privilegiado. Todo sin viajar grandes distancias y sobre todo sin derrochar dinero.

