Siempre es una grata sorpresa encontrarme con un pueblito o un destino que destaque por su calidez, hospitalidad y empeño por conservar las tradiciones. Los fines de semana disfruto de hacer pequeñas escapadas a lugares que probablemente no destacan por sus hoteles de lujo o sus restaurantes con estrellas y menciones, pero que contrario a lo anterior, se quedan en la memoria por ese sentimiento tan mexicano que transmiten al caminar por sus calles y probar sus sabores. El último de estos descubrimientos que he hecho es Chignahuapan, Puebla, y vaya que me habían hablado de él y recomendado visitarlo desde hacía meses, pero no fue hasta este otoño que finalmente me animé y para ganarle a todos los que van a comprar esferas de Navidad ahí y disfrutarlo con un poco menos de gente.


La panadería en Chignahuapan que hornea a la leña
Al llegar, después de conducir poco más de dos horas saliendo de la CDMX por la autopista México-Tuxpan 132D, decidí dar una vuelta por el lugar –algo que es tradición personal pues no hay como perderse sin rumbo para conocer un nuevo destino. En mi recorrido, una de las sorpresas que tuve fue encontrarme con un par de panaderías que desde afuera daban una pequeña pista del gran sabor que se escondía adentro. La primera a la que entré fue La Garita Panadería, en donde el aroma a pan recién horneado a la leña se convierte en el primer punto de interés. Ahí, las manos expertas de los panaderos que han pasado su ‘saber hacer’ de generación en generación, crean piezas que no solo parecen perfecta a la vista, sino que guardan los sabores tan únicos del pan dulce mexicano.

El pan dulce típico más un consejo de periodista gastronómica y mamá para comerlo como recién horneado
El local se llena, no te voy a engañar. Probablemente tendrás que pedir permiso en más de una ocasión para poder pasar a escoger tu pan, especialmente si llegas por la mañana un sábado o un domingo, pero en cuanto pongas en tu bandeja las conchas de chocolate, el pan de queso cubierto de azúcar rosa, las teleras, los cuernitos, los moñitos, los bisquets o el rol de higo, todo habrá valido la pena. Cada pieza hace que el viaje valga la pena, y si estás por el destino, definitivamente vale la pena llevarse una o dos bandejas para la semana. Soy periodista gastronómica y mamá, y mi secreto cuando compro pan es el siguiente: llegando de regreso a la CDMX congelo las piezas que compré durante el viaje en bolsas con cierre grandes. Durante la semana saco únicamente la pieza que me voy a comer y la caliento en la freidora de aire durante 5 minutos a 180°C. De esta manera, tengo pan recién salido del horno de Chignahuapan durante toda la semana en casa.


Lo que me gustó ver cuando fui a Chignahuapan
Pero ahora llegó el momento de hablar del Pueblo Mágico, el cual es conocido por mucha gente por su tradición artesana de elaborar esferas hechas a mano –sí, te encontrarás a media Ciudad de México en el destino si vas durante la épica navideña–. Pero si te soy honesta, vale la pena ir desde que comienza el otoño, pues no solo tendrás mucho más variedad y tiempo para elegir con calma tus adornos, sino que podrás conocer los principales puntos de interés como el Quiosco Central que destaca por sus colores vivos, la Basílica de la Inmaculada Concepción, entrar a la Casa del Axolote o darte un baño en las aguas termales de la región sin tener que pelearte por tener un lugar. Todas son experiencias que valen totalmente la pena.

El glamping que elejí y fue un acierto
Para el hospedaje te cuento lo que yo hice. A mí personalmente me gustó dormir en el Glamping Las Nubes porque ya me he hospedado varias veces en este tipo de habitaciones tipo ‘burbuja’, es un concepto que conozco bien y en este caso descubrí que era un lugar limpio, con instalaciones cuidadas, con un servicio amable y rincones únicos. Me hizo sentir que valió la pena la escapada y que verdaderamente estoy de vacaciones en un lugar original y muy diferente al resto. Desde ahí, agarré el coche e hice unos 20 minutos al centro de Chignahuapan, donde pude hacer turismo y mis planes improvisados que tanto disfruto. Te recomiendo hacerlo al menos una vez si te gusta la idea de pan dulce rico, hospedaje original y esa sensación tradicional mexicana que se siente como ‘casa’.

