Seguramente piensas que a la colonia Roma ya no le queda ni un rincón tradicional. Entre cafeterías minimalistas, cocinas de autor y restaurantes donde los menús están en inglés, a veces se nos olvida que este barrio existió muchísimo antes de ser trendy. Pero caminando entre el bullicio de la calle de Durango, hay un callejón del que parece emanar una calma atípica. Si un día te topas con él, entra. Del otro lado encontrarás en barrio la Romita, un mini pueblito dentro de la ciudad con una fuente, una iglesia, murales y un pasado prehispánico.


La Romita: lo que queda de la antigua Aztacoalco
Este pequeño barrio tradicional en medio del ajetreo y el nuevo aire cosmopolita de la colonia Roma es lo que queda de Aztacoalco. Se piensa que, durante la época del imperio Mexica, este fue un calpulli al suroeste de Tenochtitlán. En ese entonces, el barrio era apenas un islote rodeado de canales, cerca del camino a Chapultepec. Llegaron la conquista, el virreinato, la guerra de independencia, el porfiriato y la modernidad, y aunque sí se redujo el tamaño de este barrio indígena, conservó la esencia del antiguo pueblo.


Hoy por hoy, el barrio de La Romita abarca apenas un cuadrante entre las calles de Durango, Puebla, Morelia y Avenida Cuauhtémoc, pero dentro todavía conserva pequeños callejones sinuosos, como el que desemboca en el atrio de la Capilla de la Romita. Curiosamente, a pesar de su traza prehispánica, se dice que el barrio se ganó su apodo debido a que uno de sus callejones recordaba a un lugar en Roma, Italia.


La Capilla de San Francisco Javier: el corazón de la Romita
Conocido como la Capilla de la Romita, este templo dedicado a San Francisco Javier cuenta su propia historia. Esta capilla se encuentra donde antes estaba el templo de Santa María de la Natividad, un recinto mucho más antiguo que, según algunas fuentes, se construyó pocos años después de la caída de Tenochtitlan. Sin embargo, esta capilla es mucho más reciente. El atrio de esta parroquia sigue siendo el corazón del barrio la Romita, y aunque es pequeño, tiene una fuente y un jardín con bancas donde todavía se reúne la gente. Asimismo, alrededor encontrarás comercios locales, como una tortillería, una tlapalería y una panadería, además de murales que esconden símbolos de la historia del barrio.


Qué hacer en la Romita
Como ya mencionamos, el barrio de la Romita abarca apenas una cuadra, pero eso no quiere decir que no tenga algunos tesoros ocultos. Además de la iglesia, la Casa de la Cultura la Romita es otro sitio de convivencia para los vecinos. Su fachada se distingue por un enorme mural, y dentro se ofrecen diversas clases, cursos y talleres. A un costado de la iglesia se encuentra el Huerto La Romita. Se trata de un huerto urbano que busca hacer comunidad crear conciencia mediante talleres y cursos de permacultura y huertos en casa. Finalmente, también vale la pena sentarse a tomar algo en Café Leona, una cafetería de especialidad con bebidas de temporada y una atmósfera desenfadada, con mesitas a pie de calle que invitan a quedarse.


