Dulces de la Rosa: La historia de la familia mexicana que resiste frente a las trasnacionales desde 1942

Si cierras los ojos y piensas en tu infancia, ¿qué sabores te vienen a la mente? Yo recuerdo las piñatas en las fiestas de cumpleaños, las cubetas en forma de calabaza que se llenaban de puerta en puerta en Halloween, la kermés del Día del Niño, las paletas en forma de corazón el Día del Amor y la Amistad. En fin, mi infancia, como muchas infancias mexicanas, supo a dulces.

anaquel de dulces mexicanos en el supermercado
Foto: The Image Party

Y no a cualquier dulce: pulparindos, picafresas, pelones, bubulubus, pecositas, mazapanes, bocadines, dragoncitos, paletas de cajeta. Aunque hace años las empresas que fabricaban muchos de estos dulces eran mexicanas —Vero, Ricolino, Coronado—, hoy pertenecen a enormes transnacionales. Pero hay una que resiste, y aunque ha crecido mucho, sigue siendo una empresa familiar con sede en Guadalajara, la misma ciudad que la vio nacer. Estamos hablando de Dulces de la Rosa: la marca de dulces mexicanos que sigue siendo orgullo nacional.

mujer sosteniendo una bolsa amarilla con el logotipo de Dulces De la Rosa llena de productos
Foto: Dulces de la Rosa

Un proyecto familiar que nació en casa

En 1942, don Jesús Michel González y Elvira Velasco Rolón empezaron a elaborar dulces de manera artesanal en su casa en las afueras de Guadalajara. Aprovechando la experiencia de Jesús trabajando en farmacéuticas, decidieron experimentar con las fórmulas de sus golosinas. Durante estas primeras décadas, el negocio familiar fue creciendo, pero aún no tenían ni el nombre ni la imagen con la que luego se hicieron famosos. De hecho, no fue sino hasta la década de los 60 que los celofanes empezaron a portar la rosa que todos los mexicanos reconocemos. 

seis mazapanes de la rosa colocados sobre un plato de barro tradicional mexiCano
Foto: Cortesía

Aunque el mazapán no fue su primera creación, sí fue el producto que detonó el éxito. Se trataba de una golosina inspirada en los mazapanes de almendra europeos, pero aquí se preparaban con cacahuate. El dulce salió al mercado con el nombre de ‘conitas’, pero la gente comenzó a referirse a él como mazapán ‘de la rosa’ —por el logotipo de la rosa que adoptó la marca—, y el éxito fue tal, que decidieron cambiarle el nombre y aceptar que, parafraseando a don Jesús Michel, este dulce típico mexicano era para el pueblo, y sería el pueblo quien lo nombrara.

caja abierta con diez mazapanes De la Rosa
Foto: Cortesía

El clásico de México que se sigue reinventando 

Hoy en día, Jaime Enrique Michel Velasco —uno de los hijos de Jesús y Elvira— es quien lleva las riendas del negocio. Esta marca de dulces mexicanos ha crecido exponencialmente. Ahora cuentan con tres plantas de producción en las afueras de Guadalajara, emplean alrededor de 2500 personas, y hacen exportaciones a Estados Unidos, Canadá, Centroamérica, Europa y Medio Oriente. Trabajan con maquinaria traída desde Alemania, y aunque saben que los grandes clásicos no pasan de moda —como el mazapán y el pulparindo—, es importante mantener las propuestas frescas y juguetonas, por lo que su catálogo está en constante evolución y crecimiento.

Enrique Michel Velasco en la fábrica de Dulces De la Rosa
Enrique Michel Velasco. Foto: Dulces de la Rosa
Foto: Dulces de la Rosa

Como desde hace décadas, el mazapán de la rosa y el pulparindo siguen siendo las estrellas, seguidos de los malvaviscos y los bombones cubiertos de chocolate. Todos estos se han convertido en dulces clásicos mexicanos, y es posible encontrarlos casi en cualquier tienda. También hay gomitas, caramelos, chicles y paletas: todo el combo que seguramente probamos de niños. Otro gran acierto han sido los productos derivados de los dulces clásicos mexicanos: el mazapán untable o cubierto de chocolate, los pulparindos de sabores, la salsa y la pasta de pulparindo, y las paletas de bombón cubiertas de chocolate. Así, esta empresa familiar 100% mexicana ha seguido creciendo y compartiendo con el mundo la experiencia de abrir un mazapán con muchísimo cuidado para que no se rompa. Todo, sin necesidad de ceder y venderse a las transnacionales.

manos sosteniendo cuatro cajas de pulparindos frente a un fondo amarillo vibrante
Foto: Dulces de la Rosa

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