La moda ha sido siempre un espacio de disrupción e innovación. Es uno de las únicas disciplinas donde la cultura y el arte interactúan activamente con la vida cotidiana y con la identidad de las personas. Es por ello que, la ropa y los accesorios con los que decidimos decorar nuestros cuerpos todos los días grita quienes somos y qué queremos. No sólo hacemos nosotros a la moda, la moda nos hace a nosotros. Esta es la premisa de la exhibición “Embodied Garments”, que busca mostrar que la moda, como nuestra vida, es un performance que vale la pena ser observado.

El proceso de la moda
‘Embodied Garments: A Runway Show in Process’ transforma el formato de pasarela tradicional para convertirlo en un proceso dinámico. El showroom donde se llevó a cabo la demostración era cálida e iluminada tenuemente, inspirando una atmósfera de curiosidad y, sobre todo, de intimidad. En las ventanas, las piezas de algunas diseñadoras se exhibían sin ninguna ceremonia, construyendo un puente orgánico entre los diseños y la audiencia.

Con paisajes sonoros de la artista Sofía Tormenta, el desfile permitió ver a la audiencia el backstage, así como los cambios de vestuario y los ajustes de último minuto. La ropa se convirtió en un espacio de producción y, a su vez, el espacio de producción en la pasarela. El núcleo del desfile no sólo inlcuía la ropa, sino como esta se usa, se ajusta y se transforma en medio de la multitud. En un acto de completa vulnerabilidad y disrupción, la moda se transformó delante de todos.

El juego de lo clásico y audaz
La pasarela reunió piezas de diseñadores con visiones distintas y valiosas de la moda, jugando, no con los colores, sino con las texturas y el movimiento. Abordando todas las disciplinas, la exhibición aprovechó la variedad de estilos para crear looks audaces. Así, las figuras clásicas o que privilegian la estructura, como los diseños de Natalia Blanco, Maison Mohe, y Menos 117, se reunieron con diseños más atrevidos, entre ellos Nomada Studio, NISA y Serena Creciente. A la mitad de la pasarela, los modelos se cambiaron y modificaron su vestuario, tomando las piezas en exhibición de la ventana y transformando el significado original de los atuendos.

Los adornos del cuerpo
La joyería fue una parte indispensable de la pasarela, como lo es en cualquier outfit en la vida cotidiana. Los accesorios trabajaron juntos con las piezas de vestuario para construir los atuendos y, en algunos casos, fueron los protagonistas. Diseñadores como María Vera, Rosymar González y Fiss ofrecieron piezas de sus colecciones para completar la visión disruptiva e íntima de la exhibición. En particular, destacó Doze, la marca de joyería de vidrio soplado, grande, ruidosa, pero orgánica y minimalista. Así, la joyería buscó elevar los outfits, demostrando que los accesorios no acompañan a la ropa, sino que ambos trabajan a la par para concebir una propuesta atrevida.

