La salsa mexicana sin conservadores industriales que dura 1 año abierta, sabe rico sobre los huevos, la pizza y casi todo

Hay salsas que se acaban en dos días. Están las verdes, las rojas, las de molcajete, las de habanero. Y luego está la salsa macha, una salsa mexicana que rompe todas las reglas. Está hecha con aceite en lugar de agua, lo cual le da una durabilidad única: puede durar hasta un año en el refrigerador o en un frasco esterilizado a temperatura ambiente sin echarse a perder. Combina lo picante, lo crujiente, lo ahumado y lo tostado en una sola cucharada. Va con tacos, huevos, quesadillas, arroz, pizza, ensaladas, pastas y hasta con postres. Se ha vuelto tan popular en los últimos años que el New York Times la nombró el MVP de los condimentos en 2020. Es la salsa mexicana que muchos ya prefieren por encima de la verde tradicional.

Salsa macha en frasco de vidrio
Los totonacas ya la preparaban en las montañas veracruzanas mucho antes de que llegaran los españoles. Foto: Chef Michael

Dónde comprar salsa macha rica

Si vives en la CDMX y quieres probar una macha artesanal hecha con receta familiar, te recomendamos apoyar a Salsas Don Fer, un emprendimiento local ubicado en Azcapotzalco. Se especializan en salsas artesanales y chicharrones de chiles y semillas hechos a mano con ingredientes naturales. Los puedes encontrar en Instagram como @salsasdonfer. Su versión de salsa macha es una de las más equilibradas del mercado local: el punto de picante es justo, no domina el aceite, las semillas tostadas están bien crujientes y el sabor tiene profundidad sin ser abrumador. Perfecta para llevarla a la casa, regalarla o ponerla en cualquiera de los platillos que mencionamos arriba. Además, apoyar a pequeños productores locales garantiza salsa fresca sin conservadores industriales.

Con qué comerla para que sepa rico

La versatilidad es la razón principal por la que la salsa macha se comió al mundo. Va perfecto con tacos de guisado, quesadillas, elotes con queso, huevos revueltos, huevos con jamón, huevos rancheros, tostadas de tinga y sopes. También queda brutal en pastas italianas, pizza, arroz blanco, papas al horno, aguacate machacado, pan tostado con queso crema, ensaladas de granos y bowls asiáticos. Los foodies la usan hasta en pescados a la parrilla, mariscos, carnes rojas, pollo asado y verduras rostizadas como brócoli o coliflor. Se puede meter en marinadas, en aderezos, o simplemente servirla sobre cualquier plato terminado. Mi recomendación honesta: si nunca la has probado, empieza con una cucharadita sobre unos huevos revueltos con queso. Es imposible que vuelvas atrás.

cantina en la roma
Quesadillas con pesquezo de borrego. Foto: Restaurante @el.tigre.silencioso

La historia de la salsa macha

El origen de la salsa macha se remonta a las montañas de Veracruz, específicamente a las regiones de Orizaba, Córdoba y la Sierra de Zongolica. Fueron los pueblos totonacas y náhuatl quienes crearon la receta original. Sin embargo, la versión original no llevaba aceite: era una pasta seca de chiles tostados molidos con semillas en molcajete. Se usaba para conservar el chile seco durante viajes largos. El aceite se incorporó después, con la llegada de los españoles, dando origen a la versión que hoy conocemos. Sobre el origen del nombre «macha» hay dos hipótesis: una lo relaciona con «macho» en referencia al sabor fuerte, y otra con el verbo «machacar» por el método tradicional de molienda. Ambas hipótesis conviven sin consenso académico definitivo.

Foto: Cortesía

Variantes regionales famosas

Cada región mexicana ha adaptado la receta a su estilo. La versión clásica veracruzana lleva chile morita, chile de árbol, chile guajillo, cacahuates tostados, ajonjolí y ajo, con sabor profundo, ahumado y crujiente. En Oaxaca se le añaden chapulines tostados que aportan un toque salino y crocante único. En Puebla integran especias locales y algunas frutas deshidratadas. En Michoacán encontrarás versiones con almendras y pepitas. En Jalisco hay adaptaciones más picantes con chile de árbol como protagonista. También existen versiones contemporáneas con piloncillo y vinagre de manzana para balancear el picante con dulce y ácido, o incluso versiones gourmet con arándanos secos y vainilla. Cada frasco tiene su firma regional.

Cuchara de madera con salsa macha
Aceite ámbar, chiles crujientes y ajonjolí tostado esperan en cada cucharada para acompañar tu comida. Foto: Cortesía