Un rayo de sol atrapado: así le llaman algunos artesanos al ámbar de Chiapas. Y basta con ver una pieza a contraluz para descubrir el destello rojizo en su interior. Pero esta resina fósil es mucho más que una piedra bonita; es una de las grandes riquezas naturales y artesanales de Simojovel de Allende, un pueblo en las montañas de Chiapas conocido como la capital del ámbar por sus importantes yacimientos. Aquí, generaciones de artesanos han convertido esta resina en joyas, accesorios y piezas de arte, por lo que conocer de cerca su trabajo y llevarse una pieza hecha en Simojovel es una experiencia especial. El pueblo se encuentra a unas tres horas de San Cristóbal de las Casas y, aunque el ámbar es su gran protagonista, también tiene otras joyas que vale la pena descubrir.


El ámbar de Simojovel que guarda insectos de hace millones de años
El ámbar de Simojovel no es un mineral, sino una resina vegetal que quedó fosilizada hace alrededor de 26 millones de años. Cuando todavía era líquida, al deslizarse por los árboles atrapó insectos, flores y hojas de aquella época, que quedaron preservados todo ese tiempo. Gracias a estas inclusiones, los científicos han podido identificar nuevas especies fósiles. Su importancia es tal que el ámbar de Chiapas cuenta con Denominación de Origen desde el año 2000, y Simojovel concentra algunos de los principales yacimientos del país, como Pabuchil y Los Pocitos. La extracción todavía se realiza de forma artesanal en túneles de las montañas y, una vez que se obtiene el ámbar en bruto, los artesanos lo lijan y pulen a mano hasta sacar su brillo natural. En Simojovel se producen alrededor de dos toneladas al año y, además de por sus inclusiones fósiles, el ámbar chiapaneco destaca por su dureza y por la variedad de tonos que puede alcanzar: desde amarillo, rojizo y café hasta los más raros verdes y azules.



Dónde comprar ámbar en Simojovel y cómo reconocer una pieza auténtica
Para conocer de cerca todo lo que hay detrás del ámbar, en Simojovel existe la ‘Ruta del Ámbar’, que comienza en el Museo del Ámbar, ubicado en el centro del pueblo, donde se exhiben piezas históricas. Después, el recorrido lleva a conocer los yacimientos y el proceso de extracción de la resina, para finalmente visitar talleres artesanales y mirar de cerca el trabajo de artesanos tzotziles que tallan y pulen el ámbar. Y si quieres llevarte una pieza a casa, en Simojovel encontrarás precios más accesibles que en otros destinos turísticos, ya que puedes comprar directamente a mineros y artesanos locales. Alrededor de la plaza principal y la alcaldía suelen instalarse mesas con dijes, pulseras y piedras pulidas, aunque también hay talleres y galerías especializadas como Ambarte Simojovel, donde encontrarás joyería de ámbar montada en plata y piezas con inclusiones fósiles. Como recomendación, lleva una pequeña lámpara UV o pide al vendedor que ilumine la pieza con una: el Ámbar auténtico presenta fluorescencia bajo la luz ultravioleta.



Zats, café y pan de leña: las otras joyas de Simojovel
Pero ya decíamos que el ámbar no es la única joya de Simojovel, su gastronomía también guarda algunas sorpresas. Una de ellas es el zats, una larva comestible que forma parte de la cocina tradicional de la región y que se recolecta por temporada. Se limpia, se fríe y se come en tacos, acompañado de sal, limón y chile. Otra joya deliciosa es su café de altura: por su ubicación montañosa, Simojovel también es una zona cafetalera donde puedes probar café recién tostado en cafeterías y comedores locales. En el mercado y el centro del pueblo también encontrarás pan dulce de horno de leña para acompañar con un pozol de cacao o blanco. Y entre una cosa y otra, vale la pena caminar por el pueblo, conocer su parroquia y su palacio municipal. Así que, si quieres una hermosa pieza de ámbar, qué mejor que conseguirla directamente en el lugar donde la hacen.



