En otoño, caminar por el Centro Histórico de la Ciudad de México es un lujo. El se vuelve más fresco, los edificios de cantera se tiñen de un dorado rojizo cuando el sol baja, y las calles empedradas devuelven el eco de los pasos como si cada esquina quisiera contarte algo. Si tienes libre un sábado y buscas un plan que no sea el típico, hay una ruta sencilla que mezcla patrimonio, buena comida y un cierre dulce delicioso en una tienda centenaria donde el tiempo se maneja distinto. El punto final de la ruta es Mazapanes Toledo, un lugar que lleva 87 años vendiendo figuritas de mazapán hechas a mano.

Para comenzar, da un paseo por el Centro Histórico de la CDMX
Lo mejor es empezar temprano, bajarse del metro en la estación Allende o Bellas Artes y entrar al Centro Histórico por la calle 16 de Septiembre, una vía peatonal con banquetas amplias que corre paralela a Madero. Es menos saturada que Madero y conserva mejor su carácter porfiriano. Antes de pensar en comer, vale la pena desviarse unas cuadras hacia la Plaza Tolsá, donde está el Museo Nacional de Arte, el MUNAL. Fue construido entre 1905 y 1911 por el arquitecto italiano Silvio Contri como sede de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas durante el Porfiriato. Hoy guarda una colección permanente de arte mexicano que abarca del siglo XVI al XX, con obras de José María Velasco, Diego Rivera y Saturnino Herrán. Dos horas ahí son suficientes para despejarse del ruido de la calle.

La parada obligada: comer en un restaurante histórico
Al salir del museo, la hora de la comida ya se nota. Caminando unos minutos hacia el norte, en la calle de Tacuba, está el Café de Tacuba, uno de los restaurantes históricos más queridos del Centro Histórico. Abrió sus puertas en 1912 en una casona del siglo XVII que originalmente fue parte de un convento. Al entrar, lo primero que llama la atención son sus muros con azulejos de talavera, los óleos coloniales y los candiles de latón que han iluminado la sala durante más de un siglo. El menú lo mantiene fiel a la cocina tradicional mexicana. Hay enchiladas de mole, chalupas, caldo tlalpeño y los famosos tamales oaxaqueños envueltos en hoja de plátano. Pide un chocolate caliente batido con molinillo para acompañar.

Comprar mazapanes para la semana
Después de comer, caminando hacia el sur hasta la calle 16 de Septiembre número 6, aparece la fachada discreta de Mazapanes Toledo. Al entrar, el aroma a almendra tostada y azúcar glaseada envuelve todo. Es una tienda con alma de otra época: mostradores de madera gastados, básculas antiguas, escaparates de vidrio curvo y empleados de mandil blanco pesando mazapanes al gramo. En la parte trasera del local funciona un pequeño museo interno con el molino original que usaban hace más de 60 años, el escritorio del fundador y una colección de calendarios regalados cada año desde su inauguración hasta 1984. Es gratis entrar a verlo.

Un negocio lleno de historia que sabe delicioso
La historia detrás vale la pena contarla. En 1939, en plena posguerra civil española, un toledano llamado Luis García Galeano Rodríguez llegó a México huyendo de la Guerra Civil. Traía consigo la receta familiar del mazapán auténtico de Toledo, España, donde el oficio existe documentado desde al menos 1512. Fundó la primera tienda en la calle de República de Uruguay y después abrió la casa matriz en 16 de Septiembre, donde sigue hasta hoy. Aquí viene lo importante: el mazapán español original se hace con almendra molida, azúcar y clara de huevo, horneado al final hasta dorar la superficie. Es completamente diferente al popular mazapán De la Rosa, que nació en Guadalajara en 1950 como una adaptación mexicana, sustituyendo la almendra por cacahuate y eliminando el huevo. Ambos son deliciosos, pero son dulces distintos.

Qué comprar cuando vayas
Las figuritas de Mazapanes Toledo se venden a granel, lo cual es parte de la magia. Puedes elegir pieza por pieza las que más te llamen la atención y la empleada las pesa en una báscula antigua antes de empacarlas en una cajita de cartón grueso con el escudo clásico. Las formas tradicionales son miniaturas: frutas como peras, manzanas, duraznos y plátanos, y animales como conejos, cerditos y pescados. También venden turrones de las variedades españolas clásicas como el de jijona, el de alicante, el de cádiz y el de yema, además de peladillas que son almendras recubiertas de azúcar en colores pastel. Si decides llevarte un recuerdo, la caja de figuritas surtidas es la elección obvia.

