A lo largo de los siglos, la identidad y las fronteras de la CDMX se han ido expandiendo. Los pueblos que alguna vez se encontraron fuera de la capital hoy forman parte de ella, y aunque ahora están conectados a la red de transporte público, siguen conservando un encanto más tranquilo, cargado de historia e incluso espacios naturales que nos recuerdan su origen rural. Tal es el caso de San Pedro Tláhuac, que hoy es sede del gobierno local y cuenta con varios rincones dignos de conocer. Lo mejor de todo es que puedes llegar en metro hasta la estación Tláhuac —la terminal de la línea 12— y recorrer a pie sus mayores atractivos.


San Pedro Tláhuac: uno de los pueblos originarios de la ciudad
Mucho antes de la llegada de los españoles, en el Valle de México florecían distintos pueblos con identidades, cosmogonías y formas de organización en común, y muchos se transformaron y perduran hasta el día de hoy. El que hoy es San Pedro Tláhuac es uno de los siete asentamientos originales de la alcaldía. El pueblo se fundó en una pequeña isla a finales del siglo XII, antes incluso de la aparición de Tenochtitlan y la Triple Alianza. Pero conforme creció el Imperio Mexica, también lo hizo este lugar, pues suministraba muchos de los alimentos que sostenían a la capital imperial.


La historia de este pueblo se puede ir descubriendo en sus distintos espacios. Durante los primeros años de la conquista, en 1529, los franciscanos llegaron a la zona y construyeron un templo que hoy es la Iglesia de San Pedro Apóstol —aunque cabe destacar que el monasterio que podemos visitar hoy es una reconstrucción de finales del siglo XVIII, ya bajo la dirección de los dominicos—. La identidad de San Pedro Tláhuac siempre ha estado muy vinculada con las localidades vecinas de Chalco y de Xochimilco, de las cuales de hecho formó parte en distintos momentos del periodo colonial y las primeras décadas del México independiente. Sin embargo, desde 1928 es sede de su propio gobierno.

Canales, mercados y edificios coloniales: Qué hacer en San Pedro Tláhuac
Para llegar a San Pedro Tláhuac ni siquiera hay que salir de la CDMX, pero la visita se siente como un respiro. Entre los principales atractivos están el Lago de los Reyes Aztecas, que es uno de los últimos vestigios del gran Lago de Texcoco. Así como en los canales de Xochimilco, es posible dar un paseo en trajinera, pero en un ambiente más tranquilo. Después, puedes dirigirte al Parque de Tláhuac, donde hay un kiosco y una fuente que son sitios de reunión para los vecinos. Justo enfrente se encuentran la parroquia de San Pedro Apóstol y el Museo Regional de Tláhuac, donde se exhibe una colección de piezas arqueológicas de San Juan Ixtayopan —a unos diez minutos en coche—. Este último, junto con el Museo Regional Comunitario de Cuitlahuac —a cinco minutos caminando— consolidan un esfuerzo por recordar y celebrar la identidad local.


Para comer, hay dos opciones. La primera es dirigirte al Mercado de Tláhuac, donde puedes encontrar muchos alimentos cultivados y producidos localmente. Esta opción es ideal para descubrir las delicias más callejeras, pero si quieres un restaurante para sentarte a disfrutar y extender la sobremesa, el La Playa es una buena opción. Se encuentra frente al Lago de los Reyes Aztecas, y las vistas son uno de los principales atractivos. Aquí también se sirve cocina tradicional mexicana, con grandes clásicos como la sopa de médula, mixiotes de carnero y una variedad de bichos como escamoles, chapulines, chinicuiles y gusanos de maguey.

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