El estado chiquitito de México: tacos fritos, pueblitos tradicionales, mole y la feria más antigua del país

Aunque sea tan chiquito que la gente bromee con que ‘Tlaxcala no existe’, este estado no necesita grandes extensiones para ser uno de los más emocionantes de la República Mexicana. Si bien no es nuestro vecino directo, está a solo dos horas de la CDMX, y hay tantas cosas para hacer —y para todos los gustos— que volver a Tlaxcala más de una vez está bien justificado. Historia, gastronomía, paisajes naturales y fiestas populares: Tlaxcala es el estado más chiquito del país —después de la propia Ciudad de México—, pero hay muchísimo que hacer. La zona arqueológica de Cacaxtla, pinturas rupestres, un acueducto de piedra, fiestas prehispánicas, montañas, haciendas pulqueras, bosques, luciérnagas, edificios coloniales, Pueblos Mágicos, mole y ferias: el itinerario definitivamente da para mucho.

iglesia de tlaxcala en un día soleado
Foto: YoDash
bosque en tlaxcala
Tlaxcala tiene muchos bosques para acampar y ver luciérnagas. Foto: Cortesía
murales de la zona arqueológica de cacaxtla
Foto: Joao D’Andretta

Los tres Pueblos Mágicos de Tlaxcala

Tlaxcala no solo sí existe, sino que además en este estado hay tres Pueblos Mágicos: Huamantla, Tlaxco e Ixtenco. Uno de los beneficios de que el territorio sea pequeño, es que todo está relativamente cerca. Huamantla está a solo 40 minutos de la capital del estado, mientras que Tlaxco e Ixtenco se ubican a una hora. De hecho, Ixtenco está a solo 20 minutos de Huamantla. Así, puedes visitarlos uno por uno para dedicarles más tiempo, o bien, hacer un roadtrip de un fin de semana para conocerlos todos.

tapete de azerrín de colores en huamantla
Durante las fiestas importantes, Huamantla se cubre de tapetes de azerrín de colores. Foto: Alejandro Mendez Rojas
Foto: Cris_mh

Los Pueblos Mágicos de Tlaxcala son algunos de los más bonitos que hay para ir en coche desde la CDMX. Huamantla se destaca por sus haciendas pulqueras y los tapetes de aserrín de colores que cubren las calles cuando hay fiesta. Tlaxco es un paraíso ecoturístico, con cavernas con pinturas rupestres y paseos en lancha por la Laguna Atlangatepec. Por su parte, Ixtenco es famoso por sus raíces otomíes y por la Fiesta del Maíz que se realiza cada 23 de junio.

centro de tlaxco con kiosco e iglesia
Tlaxco. Foto: ELISEO SANDOVAL HERNANDEZ

Los tacos típicos de Tlaxcala

Tlaxcala es uno de esos estados que no son especialmente conocidos por su gastronomía –a diferencia de Yucatán o Oaxaca– y sin embargo sorprende cada vez que lo visitas con los manjares que te esperan por la zona. En sus diferentes municipios y poblados podrás encontrar vendedores ambulantes que ofrecen antojitos tradicionales mexicanos en donde destacan los tacos de canasta –o tacos fritos con salsa–, los tacos placeros rellenos de chicharrón o requesón y los tacos de chile relleno. Se preparan de diferentes formas pero una de las más populares son los tacos fritos que se preparan a pie de calle y se bañan en salsa.

vendedor ambulante vendiendo tacos fritos en tlaxcala
En Tlaxcala es posible encontrar vendedores ambulantes que ofrecen comida regional. Como tacos fritos con guisados, requesón y/o aguacate, Foto: Cortesía

Tlaxcala, tierra de moles

Tlaxcala ha hecho grandes aportaciones a la gastronomía mexicana: mixiote, tortillas ceremoniales, barbacoa, pulque, dulces típicos, entre otros. Sin embargo, es imposible hablar de cocina tlaxcalteca sin hablar de mole. Mientras todo el mundo discute si el mejor mole negro es el poblano o el oaxaqueño, Tlaxcala prepara un mole negro de huitlacoche que respeta la temporada de lluvia y es un verdadero deleite. Pero no es el único: aquí se prepara también el mole colorado o ‘mole de fiesta’, y suele acompañarse con carne de cerdo y un tamal de anís. Por su parte, el mole de guajolote es de origen nahua, y se sirve con huauzontles o con pavo. 

ollas de pasta de mole en el mercado
Foto: Cortesía
Foto: Cortesía

Después están el mole verde tlaxcalteca, tradicional de las comunidades del sur del estado, y el texmole con chito de las comunidades nahuas de las faldas de la Malintzin. Este último tiene una consistencia más espesa, pues lleva masa en su preparación, y se sirve con chito: carne seca de chivo o caballo. Otro mole muy famoso proveniente de Tlaxcala es el mole de Matuma o de ladrillo, que tiene un carácter ceremonial otomí, pues se prepara para la fiesta de la Matuma en Ixtenco. Es espeso y se sirve con tamales azules y carne de res. Finalmente, el mole chilpoposo, que también es espeso, pero más floral y delicado, pues se prepara con chile guajillo, flores de calabaza y masa. Se acompaña con charales secos, y es parte del legado nahua. 

cocinera tradicional preparando mole negro en un metate
Foto: Cortesía

La Feria de Tlaxcala: una de las más antiguas del país

En el archivo histórico del Estado, se resguarda un documento firmado en 1826. En él, el Presidente Guadalupe Victoria —el primer presidente de México— ‘le concede por 10 años una Feria Anual al Territorio de Tlaxcala’. Como contexto, la Feria de San Marcos que se celebra anualmente en Aguascalientes tuvo su primera edición dos años después, en 1828. Sin embargo, es importante notar que la Feria de Tlaxcala ha pasado por varios cambios a lo largo de los siglos, y que la que se realiza hoy en día es la fusión de varios eventos, como la exposición ganadera e industrial que se organiza anualmente desde 1958, el carnaval prehispánico en honor al dios Tlaloc y a la montaña Matlalcueye y el desfile del Día de Muertos.

vista aérea de los juegos mecánicos en la feria de tlaxcala
La Feria de Tlaxcala dura casi un mes y tiene actividades para toda la familia. Foto: Wikipedia

Independientemente de si la Feria de Tlaxcala es la más antigua que hay en el país o no, lo que sí es verdad es que son tres semanas de fiesta por todo lo alto. Todos los años se realiza entre octubre y noviembre, con casi un mes de entretenimiento y actividades culturales para toda la familia. Hay cartelera musical con varios escenarios, venta de artesanías, comida, talleres, juegos mecánicos y exposiciones ganaderas. Algunas de estas experiencias son gratuitas, y para otras es necesario comprar una entrada.

Foto: Wikipedia