Ir al Centro Histórico por la tarde-noche puede convertirse en el plan más interesante para un sábado o un domingo en la CDMX. Mientras mucha gente piensa en ir muy temprano para desayunar y entrar a los museos, tú puedes darle un giro mucho más intrigante y entrar sin tanta fila a los lugares al ir por la tarde. Imagina caminar por Tacuba con calma y terminar la noche en una casona colonial comiendo algo delicioso y que rinda tributo al legado mestizo de nuestro país, con un menú cargado de historia. Hoy te proponemos ir al Templo Mayor después de la hora de la comida y terminar en el restaurante Limosneros, con seis minutos de caminata entre uno y otro.

Primero: el Templo Mayor a las 3 pm
El Museo del Templo Mayor está en la calle Seminario 8, a dos cuadras del Zócalo, y tiene uno de los secretos mejor guardados del Centro: si llegas después de las 2 pm, los grupos organizados ya se fueron y las ruinas se sienten como tuyas. La zona arqueológica es lo que todos van a ver, como las plataformas escalonadas del recinto sagrado de Tenochtitlán que los españoles encontraron y destruyeron para construir la Catedral encima. No obstante, el museo interior es igual de interesante y mucha gente lo ignora.

Si te animas, encontrarás la Coyolxauhqui, la diosa lunar decapitada tallada en una piedra circular enorme, y cientos de ofrendas encontradas en las excavaciones: conchas, jade, copal, figuras de dioses. Todo lo que vas a comer en Limosneros tiene raíces en lo que ves ahí adentro.

Horario: martes a domingo de 9 a 17 horas. Entrada general $95 pesos. Los domingos es gratis para mexicanos y residentes.
El camino entre uno y otro
De Seminario a Allende son exactamente seis minutos caminando. El camino pasa por Tacuba, considerada la calle más antigua de la Ciudad de México, era la calzada que unía Tenochtitlán con Tlacopan antes de que existiera el trazo colonial. Vale la pena bajar el ritmo y mirarla con eso en mente antes de llegar a cenar.

Después: cena en Limosneros, el restaurante de piedra en el Centro Histórico
Limosneros está ubicado dentro de una casona colonial que conserva sus muros originales de tezontle y cantera. La entrada engaña, pues parece una tienda de artesanías, pero al fondo hay un comedor con iluminación indirecta, nichos en las paredes y una terraza de piedra con pinturas que representan el maguey y la cocina mexicana tradicional. El tipo de lugar que te hace olvidar que estás en la CDMX que conoces. La propuesta del chef Atzin Santos es exactamente lo que completa el rompecabezas: cocina mexicana con raíces prehispánicas.

El menú trabaja con insectos, maíces endémicos y semillas rescatadas directamente del huerto OMÉ en Estado de México. Después de pasar dos horas viendo lo que comían los aztecas en el Templo Mayor, entrar aquí es como una continuación del recorrido, no como una cena aparte.
El imperdible es la degustación de tacos, preparados con ingredientes que no vas a encontrar en ningún otro lugar de la ciudad, la cual empieza con un tepachulo de piña fermentada y termina con algo que generalmente involucra insectos, mole o pato. No es para quien quiere lo conocido, es para quien quiere que la cena cuente algo.

Horario: lunes a sábado de 1:30 a 10 pm. Domingos hasta las 5. Reservación recomendada, especialmente para la noche.
Lo que hace que este plan funcione
Este plan siempre está disponible, sin importar si es abril, agosto o diciembre. Ambos lugares cuentan la historia de México y están a una caminata corta de distancia. En ellos se une el México prehispánico, la comida, la cultura, el mestizaje y la esencia de la CDMX que construyó su presente encima de un pasado mexica que permanece debajo. Un plan que seguro no se te había ocurrido y funciona como pocos.

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