Muy pocos mexicanos del centro del país han visitado un pueblo que te transporta a España sin salir de México. Se llama Álamos, es Pueblo Mágico desde 2005 y está reconocido como Zona de Monumentos Históricos desde el año 2000. En otoño se convierte en una escapada romántica imperdible. El clima baja a temperaturas templadas ideales para caminar, los atardeceres se ponen rosados sobre los cerros, y los portales coloniales se llenan de esa luz cálida que solo aparece cuando el sol está bajo. El pueblo conserva más de 180 edificios coloniales casi intactos y sus calles siguen siendo las mismas que trazaron arquitectos andaluces hace casi 350 años. Es prácticamente imposible tomar una foto fea aquí.

Historia colonial y minera
Álamos fue fundado en 1685 después del descubrimiento de la veta de plata «La Europea». La riqueza minera atrajo a familias españolas de alto rango que construyeron casonas monumentales para hospedarse en el pueblo. En el siglo XVIII, Álamos llegó a ser conocido como el «Real de los Frailes» y funcionó como capital del Estado de Occidente. Un territorio que integraba a los actuales Sonora y Sinaloa. Su Casa de la Moneda funcionó desde 1827 como taller donde se acuñaba la plata local que después se exportaba a Estados Unidos, China, India e Inglaterra. Cuando la bonanza minera terminó en el siglo XIX, muchas familias abandonaron sus casonas coloniales, y quedaron en el olvido por décadas. En el siglo XX llegaron los estadounidenses Levant Alcorn y otros, quienes restauraron el pueblo y lo pusieron nuevamente en el mapa cultural del país.

La arquitectura andaluza y las calles empredradas
Los arquitectos originales que construyeron la ciudad venían de Andalucía, España, y trasladaron el modelo urbano de las villas mediterráneas a este rincón del noroeste mexicano. El resultado son calles empedradas con piedra bola que suben y bajan por el pueblo, casonas con patios interiores llenos de bugambilias y jazmines, balcones de hierro forjado, portales sostenidos por columnas de cantera, con puertas macizas de madera. En el corazón del pueblo está la Parroquia de la Purísima Concepción, un templo barroco construido entre 1757 y 1804 con la intención original de ser sede del obispado sonorense. Por eso a Álamos le llaman «La Ciudad de los Portales». Cada esquina es fotogénica: los muros pintados de blanco contrastan con los detalles ocres y azulados típicos del estilo colonial andaluz.

La calle de Álamos donde todos se besan
En el corazón del centro histórico de Álamos, conectando la Alameda con la Plaza de Armas y la Parroquia de la Purísima Concepción, está el histórico Callejón Angosto, hoy popularmente conocido como el Callejón del Beso. Es uno de los pocos pasajes que sobrevivió a la ordenanza real de 1753, donde se mandó cerrar la mayoría de callejones y pasadizos del pueblo para evitar los vagabundos y las basuras que se acumulaban ahí. En la calle, había dos balcones que estaban tan cerca uno del otro que las personas podían tocarse las manos entre ambas casas. En octubre de 1968, la el aumento del arroyo de la Aduana destruyó uno de esos balcones históricos, y hoy solo se conserva uno. Según el cronista municipal Juan Carlos Holguín Balderrama, el apodo ‘del Beso’ es reciente y se adoptó por influencia del famoso callejón del mismo nombre en Guanajuato, junto con su leyenda de amor imposible. Por ello, la gente repite la tradición de Guanajuato y se dan un beso cuando pasan por el callejón de Álamos, como símbolo de buena suerte para su relación.

Por qué es distinto a otros pueblos coloniales
A diferencia de otros pueblos coloniales del norte de México como Batopilas o Real de Catorce, que también fueron enclaves mineros pero conservan un aire más silvestre y aventurero. Álamos ofrece un patrimonio arquitectónico más pulido y organizado. A diferencia de Parras de la Fuente, otro pueblo colonial del norte famoso por sus vinos. Álamos tiene una influencia andaluza mucho más marcada en su traza urbana y en el trabajo del hierro forjado. Aquí las casonas están restauradas y habitadas. La combinación de patrimonio conservado, vida cultural constante y clima templado hace de Álamos un destino romántico único en el norte del país.

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