Entre tantos corporativos y restaurantes de alta gama, Santa Fe necesitaba un restaurante como Bodegón San Telmo. Uno al que puedas llegar sin tanta producción, en tenis o en short —si quieres—, pero eso sí, comer increíblemente bien, salir satisfecho y haber pagado lo justo por tus platos. La verdad es que no es tan fácil encontrar una propuesta así en esta zona, a veces uno simplemente quiere relajarse, invitar a la familia a comer rico y pasar un buen rato sin tener que vaciar la cartera. Hace unos días descubrimos este restaurante inspirado en los clásicos bodegones de Buenos Aires, con porciones generosas y un ambiente relajado, y podemos decir genuinamente que nos encantó. Lo único que lamentamos fue haber llegado al límite de nuestra capacidad estomacal, porque todo estaba delicioso y queríamos seguir probando. Habrá que volver por todo lo que quedó pendiente.


Un pedacito de Argentina en Santa Fe
Bodegón San Telmo abrió sus puertas en enero de este año y rápidamente los vecinos han corrido la voz sobre lo bueno que es. Su concepto está inspirado en los bodegones argentinos, que existen en Buenos Aires desde hace un siglo, cuando los migrantes españoles e italianos abrían las puertas de sus casas para alimentar a los obreros. Una de sus características más importantes era servir platos abundantes, pues en aquella época los trabajadores hacían una comida al día, así que ese plato tenía que ser suficiente para darles energía. De ahí viene la tradición de las porciones generosas y platos pensados para compartir al centro de la mesa. Hoy cada barrio de Buenos Aires tiene su propio bodegón y San Telmo, es el que le da nombre a este restaurante. ‘Quisimos traer este concepto a México y no solo poner en la mesa los clásicos cortes a la parrilla que sí los hay, pero hay mucho más: está la comida de todos los días’, nos explicó Matías, argentino y chef ejecutivo del lugar. En pocas palabras, el bodegón es algo así como el equivalente a una cantina mexicana.


Fútbol, nostalgia y ambiente familiar
En los bodegones, el fútbol es parte esencial de la decoración. Al entrar aquí destaca un mural de casi 20 metros con símbolos, lugares y personajes icónicos de México y Argentina. En las paredes cuelgan decenas de playeras de fútbol, algunas enmarcadas y firmadas por jugadores famosos y otras que los propios clientes han llevado. También hay fotografías y referencias cargadas de nostalgia que te transportan a Argentina. Entre semana, el lugar se llena de trabajadores, pero los fines de semana se vuelve muy familiar. Hay una ludoteca en el segundo piso y también es pet friendly. ‘La idea es que te sientas cómodo, acá pagas por lo que vas a comer, no hay show, no hay ostentación. Si quieres una botella de vino, yo te la pongo en la mesa y tú te la sirves, como en tu casa. No se trata de ofrecerte el vino y la comida más cara, es para que vengas a disfrutar’, reiteró Matías. Y mientras hablaba, varios clientes lo interrumpían para saludarlo, despedirse o simplemente platicar un rato con él. Se acerca a las mesas y conversa con todos como si fuera un amigo íntimo. Esa cercanía, al final, es parte esencial de lo que busca transmitir Bodegón San Telmo: un lugar al que vienes a comer rico, estar a gusto y pasar un buen rato.


¿Qué comer en Bodegón San Telmo?
Pero hablemos de la verdadera joya del lugar: los platos que salen de su cocina abierta. La comida empieza desde que te sientas, con un pan de la casa acompañado de berenjenas al escabeche, además del clásico chimichurri argentino y un par de salsas picosita más a la mexicana para consentir a los paladares locales. Nosotras empezamos de maravilla con los buñuelos argentinos de acelga con queso y salsa arrabiata de tomate: crujientes por fuera, suaves por dentro y de esos platos que desaparecen de la mesa mucho más rápido de lo que uno quisiera. Después llegó una empanada de entraña con morrón y mezcla de quesos, igualmente deliciosa y con un relleno espectacular. Tienen varias opciones de empanadas, nos quedamos con ganas de probar la de crema de queso azul con nueces y jamón serrano que también suena exquisita.


Clásicos argentinos: milanesas, pastas y cortes para compartir
Entre los clásicos del bodegón hay platos como el pastel de papa, las mollejas al verdeo y el guiso de lentejas con chorizo, pero nosotras probamos el lomo al champignon: un filet mignon con salsa cremosa de cuatro quesos y mil hojas de papa que estaba para lamer el plato. También probamos los sorrentinos, unos ravioles rellenos de asada braseada, ricota y provolone, y volvimos a dejar un plato del que no quedó absolutamente nada. Todavía nos falta hablar de las milanesas, —milangas como se les dice en Argentina—, que pueden pedirse en distintas versiones, incluida la Palermo, bañada en fondue de cuatro quesos. Son grandes, doradas y crujientes, justo como uno espera que sea una buena milanesa argentina. También hay pizzas que venden completas o por rebanada, algo que nos pareció perfecto para poder probar varias. Nosotras fuimos por la Fugazzeta rellena, la pizza insignia de Bodegón San Telmo, con un kilo de mozzarella y otro de cebolla: una bomba deliciosa y, hay que decirlo, bastante llenadora. A esto se suman los cortes a la parrilla, las pastas caseras y otros clásicos argentinos, así que definitivamente hay mucho más por probar en una próxima visita.



Postres y vinos para cerrar con broche de oro
Y para cerrar, los postres están a la altura. Nos obsesionamos con el flan mixto con dulce de leche y crema batida, una combinación sencilla pero peligrosamente buena; también hay panqueques con dulce de leche y chocotorta. Para acompañar, la carta de bebidas incluye vinos principalmente argentinos, además de etiquetas italianas y mexicanas, e incluso un vino de la casa que llega servido en un simpático pingüinito de cerámica. También hay vermut como el Cynar, elaborado con alcachofas y hierbas que nos gustó muchísimo. Si trabajas por la zona te gustará saber que entre semana hay un Menú Ejecutivo de $225 pesos que incluye un plato principal y una bebida. Nosotras disfrutamos absolutamente todo y la pasamos demasiado a gusto. Lo único malo es que Santa Fe nos queda lejos, pero aún así vale mucho la pena hacer el viaje para volver a comer aquí.
Dirección: Juan Salvador Agraz 37, Contadero, Cuajimalpa de Morelos.


