El ron tiene mucha más historia que los “shots” y las Cubas Libres. Este destilado nació en el Caribe en el siglo XVII, en las plantaciones de caña. Todavía hoy, algunas de las destilerías más famosas provienen de países caribeños como Cuba, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua y Venezuela. La industria del ron nunca desperdicia la oportunidad de enorgullecerse de su historia, pero pocas marcas la romantizan como Mosquito Runner. Y es que ellos retoman el espíritu audaz y rebelde de la época de la prohibición. Aunque de eso hace ya un siglo, Mosquito Runner se reapropia de muchos elementos de aquellos años y los reinterpreta a partir de etiquetas elegantes, sofisticadas y libres. Y no hablamos de diseño: la verdadera mística está en el viaje, pues sus barricas cruzan el mar desde Venezuela para ser embotelladas en Yucatán.


Libre, audaz e independiente: Un homenaje a los “Mosquito Rum-Runners”
El nombre del ron Mosquito Runner es un homenaje a los legendarios “mosquito rum-runners”, pequeñas y veloces embarcaciones que, durante la época de la Prohibición, cruzaron el Caribe transportando este destilado de forma clandestina. Se trata de una declaración que cimienta los principios de la marca: el espíritu libre, audaz e independiente del ron clandestino sigue vivo. Pero además de ello, también se trata de reconocer que lo excepcional se forja con tiempo y carácter. Es por eso que trabajan con procesos meticulosos, reposos prolongados y un viaje marítimo que no solo añade mucha magia, sino también mucha complejidad.

De los valles de Venezuela hasta los pozos de Mérida: El arte de mezclar dos tierras en una barrica
El proceso detrás de las botellas de ron de Mosquito Runner es tan cautivador como la historia detrás de su nombre. Todo comienza en los valles de Venezuela, donde la caña de azúcar se cultiva durante 12-14 meses aprovechando el sol y las lluvias tropicales para cosechar un producto que, desde el inicio, presume su calidad. Posteriormente, la caña se tritura para obtener una melaza rica en azúcares y muy aromática, que luego se fermenta entre 24 y 36 horas. El mosto fermentado pasa por columnas y alambiques de olla, obteniendo así el “ron crudo”. Los blends que se guarda en las barricas se distingue por mezclar distintas añadas, creando una receta única y muy controlada. Gracias al clima tropical húmedo de Venezuela, se acelera el añejamiento y se intensifica la interacción con la madera.


Aunque las raíces de Mosquito Runner están en Venezuela, los toques finales suceden en México. El ron viaja en barco de uno a dos meses por el Caribe hasta llegar a Mérida, Yucatán, y las variaciones de temperatura y movimiento añaden complejidad al líquido. Una vez en México, se reposa y se ajustan los detalles finales antes de diluir el ron con agua de los pozos profundos de la zona antes de embotellarlo en sus icónicos envases de cristal con detalles metálicos.

Dos expresiones, un mismo espíritu: Del shot a la mixología de autor
Hoy por hoy, Mosquito Runner cuenta con dos expresiones. Si prefieres algo fresco y ligero, Mosquito Runner 3 Años ofrece aromas dulces y afrutados que se disfrutan muy bien como un “shot” frío. Pero para quienes prefieren dedicarle su tiempo a disfrutar un buen trago, Mosquito Runner 12 Años presume notas más afrutadas y vibrantes, con un tono ámbar rojizo que se degusta mejor en las rocas. Además, cabe destacar que esta botella fue ganadora de la Medalla de Plata de Spirits Selection by CMB 2025. En cuanto a la mixología, la marca promueve una coctelería elegante y sensorial que reinvente las posibilidades del ron en las barras. Así, el nuevo contrabandista es el bartender: independiente, audaz y propositivo.

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