Dormir en una granja siciliana, hacer pan y queso y sentir que la vida se detiene

Las postales sicilianas más famosas nos remiten a playas en el Mediterráneo donde el mar y la arena crean atmósferas lánguidas. Sin embargo, el corazón rural de la isla podría ser la médula espinal de lo que es este destino no para los viajeros, sino para los locales. Susafa es una finca siciliana convertida en hotel donde el lujo se entiende no necesariamente como más comodidades, sino como más tiempo y conexión con el entorno y sus procesos. El huerto, los trigales, los olivos: el campo dicta el ritmo con el que transcurren los días, a través de experiencias que permiten establecer un vínculo real con la tierra y la cultura local. 

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Foto: Cortesía
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Alberca con vistas al campo siciliano. Foto: Cortesía
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Una masseria histórica en el corazón de Sicilia

Cerca de las montañas Madione y Polizzi Generosa, Susafa se esconde entre campos de trigo y árboles de olivo. Se trata de una masseria, como se le conoce históricamente a estas grandes fincas agrícolas en Sicilia. No es un hotel con granja, sino una granja histórica que hace poco empezó a recibir huéspedes. No obstante de su nueva vocación hospitalaria, aquí el campo sigue siendo la base de todo, desde lo que se sirve en la mesa hasta los paisajes que se observan a través de las ventanas de las habitaciones, pasando también por las experiencias que ofrecen para sus invitados. 

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Aperitivos en el campo. Foto: Cortesía

Susafa ha pertenecido a la familia Saeli-Rizzuto durante cinco generaciones. Actualmente es miembro de Small Luxury Hotels of the World, una selección de hoteles que se caracteriza por su identidad única y por su conexión con cada destino. Hace menos de dos décadas, Manfredi Rizzuto comenzó a recuperar los antiguos edificios agrícolas para darles una nueva vida a través de la hospitalidad. Hoy en día, Susafa cuenta con 17 habitaciones, un restaurante, 40 hectáreas de cultivo orgánico y una forma distinta de entender los procesos que sostienen nuestro día a día.

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Pan y aceite entre trigales y olivos: el farm-to-table total de Susafa

En Susafa, el farm-to-table no se limita a la hora de las comidas. Aquí se privilegia, primero, el uso de insumos provenientes dentro de la propia finca. Después, el de productores locales que muchas veces también ofrecen talleres y experiencias para los huéspedes. Cuando hablamos de una experiencia inmersiva, no es en términos de marketing, sino de la honestidad y congruencia del campo. Hablamos de comer pan con aceite de oliva bajo la sombra de los olivos, a unos pasos del trigal, o disfrutar de una mermelada mientras hueles los árboles frutales. Asimismo, aquí la temporada del año determina en gran medida los sabores y actividades disponibles. 

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Día de campo con productos locales. Foto: Cortesía

La gastronomía es el corazón de Susafa, pero esta incluye desde el trabajo de campo, pasando por las labores en la cocina, hasta llegar a las mesas compartidas. Por supuesto, a lo largo del proceso existen otros esfuerzos por integrar prácticas más sustentables, como riego con agua de captación pluvial y energía proveniente de paneles solares. Esto se materializa en Semente, el restaurante de Susafa, ubicado dentro del antiguo granero de la finca. Con muros de piedra, terracota siciliana y una gran chimenea, el lugar se convierte en el escenario donde la chef Maria Calato presenta una cocina contemporánea derivada de las tradiciones culinarias sicilianas. Así, la mesa se convierte en otra manera de recorrer la isla a través de sus ingredientes, sus vinos y quienes los producen.

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Restaurante Semente. Foto: Cortesía

Hacer focaccia y comer mermelada

Además de paisajes idílicos, cocina contemporánea y una filosofía que nos invita a bajar el ritmo, esta finca siciliana también ofrece talleres y otras actividades donde la comida sirve como vehículo para conectar con el campo. Aquí puedes aprender a hacer pasta fresca, focaccia o clásicos de la repostería de la isla, como cannoli y cassata. También cuentan con una iniciativa llamada Let’s Sow the Future, la cual permite adoptar un cultivo—ya sea un olivo, un cerezo, una planta de tomate o incluso una parcela de trigo—. Llegado el momento, parte de estas cosechas se transforma en aceite de oliva, mermelada, puré de tomate, harina o pasta, recordándonos que la naturaleza es un ciclo en el que uno recibe lo que da. 

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