El Puertecito es un pequeño pueblo costero del Pacífico mexicano que solo podemos definir como un secreto bien guardado. Ahí no hay bares ruidosos ni multitudes. En su lugar, encontrarás playas vírgenes, albercas naturales de roca donde el agua salada se calienta con el sol, una bahía tranquila perfecta para nadar y hacer snorkel, y una extensa playa donde los amaneceres y atardeceres se acompañan por la brisa cálida que huele a sal y a marea. Es el tipo de lugar al que llegas buscando desconectar de verdad —y lo logras sin esfuerzo—.

Este lugar –aunque desconocido aún– se esconde en Puerto Escondido, uno de los destinos favoritos de quienes buscan surf, playa y buena vibra en la costa oaxaqueña. Zicatela con su ola legendaria, Carrizalillo con su bahía resguardada y La Punta con sus beach clubs se han vuelto tan populares que cada temporada alta llegan más turistas, más construcciones y más ruido. Pero a solo unos kilómetros de distancia, en el mismo municipio de Puerto Escondido, El Puertecito permanece lejos del ojo turístico.

Kymaia: un hotel de madera con alberca frente al mar
En medio de este paraíso tranquilo está Kymaia, un hotel boutique de 22 suites que combina arquitectura de madera con diseño contemporáneo y una propuesta que va mucho más allá del simple hospedaje. Ahí el lujo es privacidad, silencio y conexión con la naturaleza, no excesos innecesarios.

Cada suite está diseñada con materiales naturales que puedes sentir bajo las manos —madera cálida al tacto, piedra suave desgastada por el tiempo, fibras locales tejidas a mano— y cuenta con vistas directas al océano o a los paisajes tropicales que rodean la propiedad. Hay villas amplias con terrazas privadas donde puedes quedarte horas contemplando el mar mientras el aroma de la madera se mezcla con el salitre. Todo está pensado para que vivas un retiro privado, aunque estés en un hotel.

Pero lo que realmente distingue a Kymaia es su gastronomía liderada por Eduardo García, chef con estrella Michelin, y Gabriela López. El hotel tiene tres conceptos gastronómicos que honran la riqueza de los ingredientes oaxaqueños con técnicas refinadas pero sin perder autenticidad: Septimus, donde los platillos celebran el producto local con creatividad —piensa en pescados con sabor intenso a océano, hierbas aromáticas que explotan en boca y texturas que contrastan entre lo crujiente y lo sedoso—; Huachinango Bar, con creaciones frescas inspiradas en el mar, donde cada bocado sabe a limón, chile y cilantro recién cortado; y La Cueva, un espacio subterráneo íntimo donde la tierra y el mar se encuentran en cada bocado, con aromas ahumados que te envuelven mientras comes bajo una bóveda de piedra.
Más que un hotel: una experiencia de bienestar y sostenibilidad
Kymaia también apuesta fuerte por el wellness con su spa Azumi, donde los tratamientos están inspirados en rituales mayas ancestrales y en la filosofía de que el bienestar es renovación para el cuerpo, la mente y el espíritu. Aquí puedes reservar masajes personalizados donde aceites esenciales con olor a copal y lavanda te relajan desde el primer contacto, sesiones de entrenamiento o simplemente pasar una tarde flotando en las albercas con vistas al mar.

Y si te interesa la sostenibilidad, Kymaia está profundamente conectado con Pueblo del Sol, un proyecto regenerativo que provee al hotel de ingredientes frescos. Todo lo que usas en el hotel —desde las cremas en tu habitación hasta los platos donde te sirven la cena— tiene una historia de producción consciente detrás.

El Puertecito: un rincón para los que buscan algo diferente
Más allá del hotel, El Puertecito como destino te ofrece experiencias muy cerca de ahí que difícilmente encontrarás en otros puntos de Oaxaca: tours de bioluminiscencia en Manialtepec donde el agua brilla al tocarla, paseos a caballo al atardecer, lecciones de surf donde sientes la fuerza del océano, vuelos en paramotor y visitas a Ventanilla y Mazunte. Todo sin las aglomeraciones ni el ritmo acelerado de las zonas turísticas tradicionales.

Si estás buscando un lugar en la costa de Oaxaca donde puedas desconectar sin renunciar a la belleza, el buen comer y el diseño cuidado, El Puertecito y Kymaia son exactamente eso: un refugio donde todo —desde la arquitectura hasta los sabores— está pensado para que vivas el presente.
Ubicación: Playa El Puertecito, Puerto Escondido, Oaxaca
