La presencia de los vendedores de algodón de azúcar en las ferias, parques y fiestas infantiles es una escena que parece tanto atemporal como universal. Este dulce que hoy en día es tan común y económico, alguna vez estuvo restringido a las clases altas, pues su producción era laboriosa y requería de una enorme técnica. La historia del algodón de azúcar se remonta siglos atrás, y aquí te contamos cómo pasó de ser un símbolo de estatus a convertirse en uno de los antojos más democráticos y populares alrededor del mundo.


Hilos de azúcar: la innovación culinaria del siglo XV
Aunque no hay registros precisos, se piensa que la historia del algodón de azúcar se remonta a los fogones italianos del siglo XV. En las cocinas de la alta sociedad, los cocineros ponían a prueba técnicas novedosas que presumían su creatividad y pericia. Una de ellas consistía en calentar el azúcar hasta conseguir un líquido que formaba hilos para decorar la pastelería. Si bien esta técnica laboriosa era viable solo en las cocinas más exclusivas, no eran solo los grandes chefs quienes la dominaban. Y es que en el libro El ama de casa completa de 1773, aparecía una receta que instruía a las mujeres sobre cómo utilizar la punta de un cuchillo para dibujar largos y finos hilos con azúcar derretida que se cristalizaba para formar un pequeño nido.

Un dentista y un pastelero: quienes democratizaron el algodón de azúcar
A lo largo de cinco siglos, estos hilos de azúcar decorativos siguieron relegados a las cocinas donde el tiempo y la técnica aún eran un privilegio permisible. Sin embargo, con la llegada del siglo XX, la industrialización trajo consigo un invento que rompería para siempre la barrera. En la Exposición Universal de París de 1900, celebrada un 7 de diciembre —fecha en la que hoy se conmemora el día del algodón de azúcar— la dupla estadounidense de William Morrison, dentista, y John C. Wharton, pastelero, presentaron una máquina que revolucionaría el concepto del algodón de azúcar. Sin embargo, en ese entonces el nombre era otro: fairy floss o ‘hilo de hadas’.

Esta máquina funcionaba bajo dos principios: el calor y la fuerza centrífuga. En la patente, Morrison y Wharton explicaban que se trataba de una sartén o recipiente giratorio donde se colocaba caramelo o azúcar derretido, y colorante. Al rotar el recipiente, se iba calentando el contenido y, a la par de derretirse, iba formando masas de filamento como hilo de forma mucho más veloz y sin tanto esfuerzo. Al final, estos filamentos se envolvían alrededor de un palo de madera. Otros inventores siguieron mejorando la propuesta que simplificaron su uso y refinaron el resultado, hasta que eventualmente, la patente llegó a las manos de la empresa de electrodomésticos General Electric. A partir de entonces, las máquinas de algodón de azúcar se convirtieron en un producto masivo, presente en casas, fiestas y negocios alrededor del mundo.

El algodón de azúcar en México
Las máquinas de algodón de azúcar llegaron a nuestro país en la primera mitad del siglo XX, y su presencia no tardó en popularizarse en parques, ferias y fiestas. El proceso mediante el cual se elabora el dulce sigue siendo prácticamente el mismo, y la máquina convirtió lo que era una labor tediosa y refinada en una experiencia sensorial que ha marcado a millones de infancias alrededor del mundo desde hace más de un siglo. Además, México es un importante productor de azúcar de caña. Los principales estados productores son Veracruz, Jalisco y Oaxaca, de modo que, aunque el algodón de azúcar no se inventó en México, sí es un dulce que apoya la economía nacional.


¡Disfruten y compartan!
