Entre Cancún y Playa del Carmen, dos de los destinos más caros y saturados del Caribe mexicano, sobrevive un pequeño pueblito pesquero que hasta hoy conserva su ambiente local, sus casitas de colores tipo palapa y sus precios muchísimo más accesibles que sus dos vecinos. Se llama Puerto Morelos y su historia se remonta al siglo IX, cuando fue un puerto comercial maya conocido como Zama, que significa ‘amanecer’ o ‘ciudad del amanecer’. Hoy es la escapada favorita de quienes quieren playa turquesa sin resorts todo incluido, con un arrecife de coral a 500 metros de la orilla, mariscos frescos a mitad de precio y esa vida caribeña que Cancún ya perdió hace décadas. Todo con el mismo mar de fondo.


El faro inclinado y su historia
El símbolo indiscutible de Puerto Morelos es su faro inclinado, construido en 1946 sobre el muelle de la plaza principal, blanco con detalles azules. En septiembre de 1967 el huracán Beulah azotó con vientos de categoría 5 y dejó al faro inclinado como una especie de Torre de Pisa caribeña. En lugar de derribarlo o corregirlo, los pobladores decidieron dejarlo así, y desde entonces se convirtió en símbolo de resiliencia del pueblo: ha sobrevivido intacto a los huracanes Gilbert en 1987 y Wilma en 2005, y hoy tiene un nuevo faro funcional a pocos metros. Es probablemente uno de los faros más fotografiados de México y el punto obligado para arrancar cualquier recorrido: desde su base salen las lanchas hacia el arrecife y llegan los pescadores con la pesca del día.


Playa arrecife y las casitas de palapa
La playa principal es pública, no se cobra entrada y prácticamente cero saturación turística comparada con sus vecinos. El arrecife del Parque Nacional Arrecife de Puerto Morelos pasa a solo 500 metros de la costa, lo que crea una piscina natural con aguas cálidas y calmadas, ideales para nadar con niños o iniciarse en el snorkel. Es parte del Gran Arrecife Maya, el segundo arrecife de coral más grande del mundo con más de 1,000 kilómetros de longitud. En el pueblo abundan las casitas y hoteles tipo palapa con techos de guano, hamacas al aire libre y camastros a pie de playa. Beach clubs como el Day & Night Beach Club y Ojo de Agua ofrecen palapas, hamacas y sillones a orillas del mar.


El pescado frito y los mariscos
Los mariscos de Puerto Morelos son leyenda entre quienes ya conocen el pueblo, principalmente porque los pescadores locales entregan directo del muelle a los restaurantes de la plaza. El plato estrella son las piezas de pescado frito enteras, servidas doradas con arroz, ensalada, tortillas de harina y salsa habanera, con precios muy razonables comparados con Cancún. Restaurantes como El Merkadito, ubicado en una casona construida en 1979 con vista al mar, sirven pescado frito, ceviches, cocteles, tacos y tostadas de mero, atún, boquinete, camarón, pulpo, calamar y cayo de hacha. La Sirena, detrás del faro, tiene una azotea con vista panorámica y música en vivo. Otros clásicos son El Pirata en plena plaza y Los Pelícanos para tomar una cerveza fría con vista al mar mientras se ve pasar el día.


Qué más hay y cómo llegar
Además de la playa y el faro, Puerto Morelos tiene tres joyas naturales que valen todo el viaje. El Jardín Botánico Dr. Alfredo Barrera Marín, fundado en 1982 y considerado el más importante de la región, alberga colecciones de cactáceas, orquídeas, plantas medicinales, un campamento chiclero, una zona arqueológica maya y un puente colgante para recorrer la selva. La Ruta de los Cenotes cuenta con más de 60 cenotes accesibles, entre los que destacan Kin Ha y Verde Lucero, ideales para nadar y hacer esnórquel en aguas cristalinas de agua dulce. Y para las familias con niños está el Croco Cun Zoo, un criadero de cocodrilos interactivo. Para llegar, el aeropuerto de Cancún queda a solo 20 minutos por la Carretera Federal 307, con autobuses que salen cada 30 minutos desde la central de Cancún.


