Comer bien no siempre implica manteles largos. A veces, es el puro antojo el que nos lleva a salir a la calle, y la mejor brújula son los lugares con propuestas auténticas, con una identidad única y con la convicción de que no es la fachada, sino el alma, lo que realmente importa. Perrritos Muy Calientes es uno de esos sitios. Ubicado debajo del emblemático Edificio Canadá en Insurgentes 300 —aunque de lado de la calle Querétaro—, este establecimiento apela a lo callejero, a lo cotidiano, al disfrute del día a día que no se espera a las ocasiones especiales para pasarla bien. En este lugar, la estrella son los hot dogs artesanales, pero también la atmósfera que invita a quedarse un rato, platicar y participar en los eventos culturales que nos recuerdan que la comida y la convivencia van de la mano.


Desmitificar la ‘comida rápida’: Este hot dog lleva una semana de preparación
Uno de los grandes mitos de la cocina que urge desmontar es que el comfort foodcallejero es necesariamente ‘comida rápida’ o ‘comida chatarra’. En Perrritos Muy Calientes se sirven hot dogs, y aunque el servicio es ágil y los platos desfilan hasta la mesa en cuestión de minutos, detrás de cada salchicha hay siete días de trabajo. Aquí, los procesos y los insumos son clave. La carne viene de un proveedor en Querétaro y casi todas las salsas se hacen desde cero en casa. Por su parte, el pan se hornea en Ficelle.

Pero la visión de Perrritos Muy Calientes no es sacralizar el hot dog, al contrario. El punto es reconocer que el trabajo bien hecho rinde frutos, y que frenar el ritmo y respetar los tiempos detrás de cada proceso debería ser una filosofía cotidiana. Que tenemos derecho a disfrutar la comida, ‘incluso’ un hot dog. En ese sentido, aunque la atmósfera es relajada y el servicio muy eficiente, el lugar se presta para extender la sobremesa —cosa rara en un lugar donde se sirve un plato que generalmente se come de pie y con prisa—.

Tres amigos y una salchicha artesanal
El local de Perrritos Muy Calientes abrió hace apenas unos meses, pero ya desde antes el proyecto existía a partir de pop-ups y colaboraciones con otros restaurantes. Y es que Perrritos tiene un caracter muy comunitario. Detrás de la marca se encuentran Carlos Landgrave, Adrián Uribe y Janette López. Ellos apostaron por cocinar su idea con la misma filosofía que las salchichas: tener paciencia, pasión y divertirse. Es por eso que prefirieron ir lento que sacrificar su visión. La espera dio frutos en el local de la Roma, donde además de servir hot dogs también reciben diseñadores, artistas, músicos y chefs invitados para seguir nutriendo a la comunidad creativa.

Una carta corta pensada para todos
La carta de Perrritos Muy Calientes es concisa, pero tiene a todos en mente. Como entrada o guarnición, puedes elegir entre su reinterpretación de la ensalada César, o las ‘mordidas de papa’ —milhojas de papa frito en cuadritos extra crujientes—. En cuanto a los hot dogs, hay cuatro opciones: el Callejero, el Fino, el Yankee y el Seitan —un hot dog vegetariano de seitán con tofu horneado sabor curry y con cebolla caramelizada—. Para lo niños —y no tan niños—, el Cachorro es una banderilla en masa de trigo sarraceno con catsup, mayonesa y mostaza. De postre, el Premio es un frasquito con un cremoso de chocolate con sal que es un cierre balanceado y pequeño pero satisfactorio.

Finalmente, respondiendo a las necesidades de la zona, Perrritos Muy Calientes también piensa en todo. Desde las familias —con una banderilla pequeña para las infancias—, pasando por los oficinistas —con un paquete especial en ‘horario godín’ que incluye cualquier hot dog, papas a la francesa, y una bebida—, hasta los que salen con hambre de la fiesta —pues cierran hasta la 1:00 a.m.—.

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